El aplomo con que Isabel Díaz Ayuso reconoce que su hermano hizo negocios, en medio de la pandemia, con la administración que ella preside evidencia la impunidad con la que actúa.
No sería de extrañar que la presidenta de Madrid salga ilesa de esta entente porque seguramente la operación fue legal y la fiscalía tenga poco que hacer. Sin embargo, no cabe duda de que hay una clara falta de ética en el uso del cargo público para el enriquecimiento personal o de allegados. También es bastante probable que la moral del votante medio del PP en Madrid no tenga problemas con los "deslices" de su lideresa, considerada adalid de la libertad. Además, parece que nadie le reprochará nada en su partido, donde se ha visto respaldada por los barones más influyentes frente a Pablo Casado. Más aún, la defenestración de éste por su torpeza dirigiendo la oposición y el partido ha dejado el campo libre para que Isabel alcance la presidencia del PP en Madrid, con la concentración de poder que ello implica.
Pero lo que resulta desconcertante y deprimente es que ocurra en un partido que ha tenido y tiene muy serios problemas con la corrupción, hasta el punto que su último presidente de Gobierno perdió el puesto gracias a una moción de censura por su supuesta participación en prácticas corruptas, "M. Rajoy". Y que ocurra en una comunidad que ha sufrido la corrupción del PP en varias ocasiones desde que Esperanza Aguirre asumió la presidencia de la comunidad y del partido.
La corrupción es una de las razones
que explican el profundo descrédito que sufre la clase política en
particular y la democracia en general, y por ende, es, también, una
de las razones que explican el auge de los populismos. El
crecimiento de Vox no es ajeno al desprestigio del sistema político. Sin embargo, hay que reconocer que el PP madrileño ha capeado la crisis de credibilidad con éxito. Más allá de errores ajenos, un discurso basado en la libertad frente a las restricciones de la pandemia y en la exaltación de los ticks tradicionales de la derecha, en un estilo netamente populista, sirvieron para neutralizar a Vox, ganar las elecciones y fortalecer la figura de Isabel Díaz Ayuso en el mundo de derechas.
Pero, como se ha demostrado en las últimas elecciones de Castilla y León y en las encuestas
publicadas los últimos días, Vox sigue avanzando entre el electorado
conservador a costa del PP y Ciudadanos. Y en el PP están divididos
a la hora de intentar evitar que la extrema derecha les desgaste. Los
más moderados no son partidarios de dejar que Vox forme parte de los
gobiernos encabezados por ellos. No es el caso de Isabel que
abiertamente apuesta por intensificar las relaciones con Vox, incluso formar gobiernos de coalición con ellos. Son
conocidas sus proclamas contra la Ley LGTBI, su patrioterismo
confundiendo España con Madrid y su feminismo que niega la violencia de
género o la discriminación de la mujer. Diferentes medios la han
calificado de Trumpista y reaccionaria. Además, su gestión de gobierno
se está caracterizando por el tono
autoritario y el desprecio a la oposición, típico de la extrema
derecha. Para muestra un botón, la ley Ómnibus con la que pretende
cambiar o derogar más de 33 normas legislativas y 7 decretos, dando
a penas diez días, en plenas navidades, para alegaciones. Esta ley
afecta a materias muy sensibles como la sanidad, el suelo o la Cámara
de cuentas. Cabe destacar que se pretende evitar cualquier
fiscalización de la acción de gobierno. Por ejemplo, se crea una
Agencia de Contratación Sanitaria sin control parlamentario o se
modifica el método de elección de la cámara de cuentas, dándole
al gobierno la posibilidad de bloqueo.
Parece
que Alberto Núñez Feijóo será el próximo presidente del PP. Todo
lo que he leído sobre él, basándose en su papel de presidente de
la comunidad gallega, habla de un político moderado y liberal que
busca el centro de la sociedad. Sin embargo, esta imagen se contradice
con el respaldo que le ha dado a Isabel Díaz Ayuso. ¿No estaremos
ante una pacto de reparto de poderes? ¿Feijóo gobierna en España y
Díaz Ayuso con el aguirrismo en Madrid?. El problema es que el peso de
Madrid sobre el conjunto nacional, en un partido como el PP, es mucho
más que el de una mera comunidad próspera. Igual es pronto para ver que consecuencias traerá esta victoria de Díaz Ayuso, pero no espero nada bueno. Me temo que su estrategia de acercarse a la estrema de derecha se consolidará.
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