No es la izquierda, es el nacionalismo radical.
En los tiempos que corren encontrar argumentos para convocar una
huelga general no es tarea difícil: pensionistas, trabajadores en
precario, parados, perceptores de RGI … o más fácil todavía,
solo hay que exigir más de lo que el gobierno ofrece. El milagro de
las palabras. Ya tenemos legitimada una Huelga General para consumo
de la parroquia. Mucho más complicado resulta que dicha huelga
general represente el sentir de la sociedad y muchísimo más
complicado que sirva para conseguir lo que dice pretender.
La convocatoria del 30 de enero, realizada desde el ámbito del
nacionalismo radical, está cargada de contradicciones que la
invalidan como un instrumento para la mejora social:
1) Divide al movimiento de pensionistas, muy dinámico en Euskadi,
que hasta hoy esta siendo una punta de lanza en la defensa del
sistema de pensiones público. Nunca han aceptado un movimiento de
pensionistas plural y con protagonismo, que no controlan. Su lógica,
como lo han hecho con otros movimientos sociales, les lleva a hacer
pasar por el ojo de la aguja nacionalista a las reivindicaciones del
movimiento. Y si para eso tienen que dividirlo.. pues lo hacen.
2) Divide al movimiento sindical. CCOO y UGT no comparten la
convocatoria en cuanto que entienden que no es el momento para
realizar una huelga general. Más aún, denuncian el carácter
excluyente de las reivindicaciones que se plantean. Están basadas en
el programa (marco vasco de relacciones laborales, seguridad social propia, 1080€ etc ) de una parte del sindicalismo, vestido de única solución
a los problemas sociales..
3) Por la división
que genera y por los limites geográficos de la convocatoria, esta movilización no tiene
capacidad de presión sobre los poderes políticos, económicos y
sociales.
4) Se hace contra un gobierno progresista (Psoe-Podemos) comprometido
con el mantenimiento de las pensiones y la mejora de las condiciones
de la gente trabajadora. Paradójicamente, la investidura del
presidente de dicho gobierno ha contado con el apoyo de Bildu, uno de
los convocantes de la huelga, en forma de abstención.
5) Pero se hace, sobre todo, contra el gobierno vasco que acaba de aumentar el gasto social, de la mano del acuerdo
presupuestario con Podemos. Continuando con las paradojas. ¿Cómo se
entiende que Bildu denuncie abiertamente el acuerdo del
gobierno vasco, considerandolo insuficiente, y a la vez apoye el presupuesto navarro que no es
mejor?. Además, se le exigen cosas para las que
no tiene competencias.
En mi opinión, las razones de la huelga hay que encontrarlas en los
problemas y necesidades del nacionalismo radical.
Se acercan las elecciones autonómicas y Bildu
necesita destacar en un momento en el que la iniciativa política la
tienen otros. La posibilidad de que se cree un frente soberanista de
cara a la reforma del estatuto, su jugada estrella en 2018, se ha
desvanecido. El PNV, de momento, prefiere otra vía más pragmática.
Por otra parte, Podemos, un competidor en el terreno social, ha
ganado presencia mediática apareciendo ante la sociedad vasca como
una fuerza útil que puede influir en la política del Gobierno vasco
( acuerdo PNV-PSOE-PODEMOS para los presupuestos) y en el de Madrid
(Gobierno PSOE-PODEMOS). Bildu puede ver en la H.G. una forma de
mantener las filas electorales prietas, marcando diferencias con las
demás fuerzas políticas, además de intentar pescar votos en caladeros ajenos.
ELA, sin embargo, no tiene necesidades electorales, obstenta el 41%
de la representación sindical en Euskadi. Pero ELA lleva años
queriendo ser una fuerza determinante en el mundo nacionalista y por
ende en la sociedad vasca, aspirando a influir más allá del ámbito
sindical. Partidaria de estrategias soberanistas, la organización
sindical ve en la transversalidad de Urkullu un freno a la
construcción nacional. Por otra parte, ofrece un perfil de
confrontación frente al avance del “capitalismo salvaje” que le
ha llevado a no participar en la Mesa de Dialogo Social, el CRL, el
CES o en LANBIDE, aunque no tiene problemas a la hora de firmar planes de pensiones
privados para los funcionarios de la administración vasca. Otra
característica del sindicalismo de ELA es el intento de excluir al
sindicalismo no nacionalista tratando de desprestigiar su línea
sindical, especialmente cuando éste negocia con la
administración y las patronales, y desmarcándose de todas las
movilizaciones que se convocan a nivel estatal considerándolas ajenas a la clase trabajadora vasca. Sin embargo, su
modelo sindical no puede ofrecer grandes logros. A pesar de ser un sindicato muy potente en Euskadi, su
influencia en las políticas socio-económicas que afectan al país esta por debajo de sus expectativas.
La pseudo huelga general que convocan Ela, Lab y Bildu, como contamos
en los primeros párrafos, no sirve para conseguir lo que dicen
pretender, pero les viene bien para sacar pecho, reafirmándose ante
su gente, además de dividir a los movimientos sociales
(sindicalismo, pensionistas) entre nacionalistas y no nacionalistas
en coherencia con su visión excluyente del país.

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